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miércoles, 31 de julio de 2013

Adicción, consuelo y soledad

Un cuento sobre la superación, la adversidad y la ayuda. Temas centrales dentro del difícil círculo de la drogadicción

Hola a todos:
Soy Juanjo (Alguien me llamó ayer “barbour yogui”, no sé quien es). Son las 7.30 h. de la mañana y aún no ha amanecido. La noche no es fría y en el cielo hay muchas estrellas. Mientras espero que Juanito se despierte, me preparo un café y abro el ordenador para escribir.


El caso es que mi amigo Albert nos habló ayer del compromiso y, cuando oigo esa palabra, me dan ganas de salir corriendo, pero salir corriendo. ¿A dónde? Si el compromiso fuera una fiera peluda tendría lógica escapar, pero… ¿cómo escapa uno de un concepto?
- Hola Juanito, buenos días.
- Hola amigo. ¿Qué tal ayer tu curso de profesores?
- Bien, estoy contento. Mucha gente y con ganas de hacer, pero le estoy dando vueltas al tema del compromiso. Albert nos invitó a que hoy, domingo por la mañana, declaremos en público a que nos comprometemos durante los nueve meses del proceso de formación y yo no sé qué me pasa con esto del compromiso que, de sólo de pensar en ello me mareo.
- Comprendo. Y es que pensar marea.
- Ya. Y con el compromiso, ¿por qué me inquieta esa palabra?
- Bueno amigo, lo primero es que “a palabra no es la cosa y, cuando una palabra nos inquieta, hemos de explorar la cosa.
- ¿Qué cosa?
- Veamos. Lo primero es preguntarte: ¿con qué te comprometerías sin dudas ni esa inquietud de la que me hablas? ¿Con que te comprometerías sin dudar ni un instante?
- Buffff, menuda lista te haría: Con mi felicidad, con la paz interior, con la alegría de vivir, etc.
- ¿Y con qué no te comprometerías nunca?
- Ja ja ja. También tengo una lista muy larga: Con la patria, con hacer yoga el resto de mi vida, con un dogma o filosofía, con lo que querré hacer en el futuro, etc.
- Bien. Ahora exploremos la naturaleza de aquello con lo que sí te comprometerías y de aquello con lo que no. Por lo visto, sí te comprometerías con aquello que se siente (felicidad, paz interior, etc,) y no te comprometerías con los “objetos” (patria, dogma, futuro, etc)
- ¿El futuro es un “objeto”?
- Claro… ¿O puedes tú sentir tu futuro?
- Si pienso en él, sí.
- Eso no es sentir, tú mismo lo has dicho “pienso”.
- Entiendo. Quieres decir que puedo comprometerme sin problemas con lo que no es un objeto sino más bien un contenido.
- Eso parece, pero exploremos un poco mas: Si te comprometes con ir mañana a la playa, ¿por qué crees que eso te hará sentir bien? ¿Qué sucede?
- Que, como llueva, tendré un problema.
- En otras palabras, ¡¡¡pierdes tu libertad!!! Pero, ¿y si el compromiso fuera sentirse bien con playa o sin ella? ¿Perderías también esa libertad?
- ¡¡¡Ostras, Pedrín!!! Es verdad. Comprometerme con lo que se siente no me da miedo. Es el compromiso con un objeto lo que me pone esa camisa de fuerza que no me deja respirar.
- Pues ahí tienes tu compromiso: Dejo atrás el compromiso con las cajas (objetos) y acepto el compromiso con los contenidos (lo que se siente) Que es lo mismo que decir: Dejo atrás el tiempo (toda caja opera en el tiempo) y me comprometo con el ahora (siempre que uno siente es ahora)…Amigo mío, recuerda que el valor predominante en tu vida es la libertad.
- Juanito, te quiero mucho. No sabes cuán a menudo me rescatas de la oscuridad. ¿Cómo podemos formular una propuesta de trabajo con este tema?
CONSUELO Y SOLEDAD “COMPRAN MISO”
Consuelo y Soledad eran dos mujeres jóvenes y rebeldes. Cuando ya tenían fijada la fecha de sus bodas y apalabrado el viaje de novios al típico Caribe, ¡¡¡zas, se dieron el piro!!! ¡¡¡Qué tías!!!
Sus familias estaban muy preocupadas. Decían: “¿Y qué hacemos ahora con los vestidos de novia, con el viaje a Cantipicun, con el ático dúplex y sus 60 años de hipoteca? ¡¡¡Qué lío!!!
Soledad y Consuelo eran conscientes de la preocupación de sus familias y también de que a los que iban a ser sus maridos les debían estar saliendo telarañas en el altar. ¡¡¡Egoístas!!!
El papá de Soledad, el Sr. Justo Destino, escribió una dolorosa carta a su hija en la que decía: “Hija mía, a tu madre y a mí nos estás matando a disgustos. No entendemos esa actitud. ¡¡¡Sólo piensas en ti!!!
La mamá de Consuelo,la Sra. DoloresCrónicos, llamó por teléfono a su hija y le dijo: “Haz el favor de atender a tu compromiso, vuelve, cásate y paga tu hipoteca. ¡Haz las cosas como Dios manda!
Pero Soledad y Consuelo no querían el compromiso. Ni la boda, ni el viaje a Tipicun, ni el ático dúplex con su sexagenaria hipoteca ni nada de nada. ¡¡¡Que no queremos compromisos, caray!!!
Las familias de Soledad y Consuelo estaban tan dolidas, los que iban a ser sus maridos tan cabreados, y el banco de las hipotecas tan molesto…¡¡¡Y eso que con la hipoteca regalaban una olla!!!
El caso es que esas chicas se vieron obligadas a irse lejos de sus entornos, a construir una nueva vida en algún lugar nuevo, a recomenzar otra vez. ¡¡¡Cualquier cosa antes que el compromiso!!!
Y se fueron a vivir al Chapazonas, una selva lejana y remota, donde nadie las presionara a hacer lo que no querían; un lugar sin leyes ni formas, muy, muy lejos. ¡¡¡Bastante mas allá de Badalona!!!
Llegaron a un pequeño poblado llamado Nohhay Nippan y se alojaron en la única posada de aquella modesta aldea: la posada Nikamas Nikomes. ¡¡¡Lo que hay que hacer para ser libre!!!
Buscaron trabajo en la única tienda de la aldea, el bazar Komida Nohhay, y pidieron consejo sobre el compromiso al sabio de la comunidad, el Chamán  Nomhe Komunchusco. ¡¡¡Que flaco era!!!
El Chamán les dijo: “El compromiso es lo único que da sentido a una vida”. Soledad y Consuelo lloraron a solas y desconsoladamente. Mientras lloraban y lloraban decían: “¡¡¡Ke hambre tenemos!!!”
El caso es que, como todo el mundo hablaba del compromiso, las chicas comenzaron a sentirse extrañas por rechazarlo. De hecho, se preguntaron: ¿Seremos malas?
Y buscaron cosas con las que comprometerse: El mono autóctono del Chapazonas llamado Nokomiayer; el partido político de la aldea, el KKY (Kierokomerya), etc. ¡¡¡Na de na!!!
También intentaron comprometerse con el cambio climático y la preservación del árbol Chapazónico Nifrutostengo y con el movimiento feminista Sikomiera Kebien. ¡¡¡Nada, no funciona!!!
Tras varios años de darse de bruces con el intento de comprometerse, dijeron: “Por lo visto lo del compromiso no va con nosotras, así que a partir de ahora ¡¡¡que se comprometa su padre!!!
Llegó una terrible hambruna al Chapazonas. Si había poca comida habitualmente, ahora sólo quedaban unos pocos sacos de sopa de miso deshidratada. Y hacerse con ellos era difícil. ¡Qué hambre!
Tanta hambre tenían Soledad y Consuelo, tan cansadas estaban de buscar algo de miso, que al final optaron por desplazarse a otras aldeas buscando el preciado miso. ¡¡¡Hay que comer!!!
Y Soledad y Consuelo viajaron por toda la Chapazonía, muertas de hambre, mientras decían a voz en grito: “Compro miso, compro miso, compro miso” ¡¡¡Y se comprometieron con comer!!!
- Amigo, cuando uno “baja a tierra”, es decir, cuando uno contacta con sus verdaderas necesidades, aparece de una manera natural el compromiso. Dicho de otra manera, comprometerse con algo que no sea una necesidad tuya sino “algo que crees que debieras” es la mejor manera de perderse.

- Gracias Juanito. Entonces podríamos decir que lo primero sería localizar aquellos valores que son absolutamente necesarios en mí para vivir. Y, por el solo hecho de sentir esos valores, aparecerá de un modo natural el compromiso. Uuuuuyyy, qué miedo.



Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita 

lunes, 29 de julio de 2013

Alejarse de las drogas

Me llamo Miguel y soy heroinómano… no practicante. Ya llevo veinte años sin tomar drogas y lo he conseguido gracias a mi decisión de no hacerlo. Que lo haya conseguido se lo debo también a las herramientas y a la ayuda que recibí en CITA. Sin embargo, hay más, mucho más. No tomar drogas está bien, pero lo que me enseñaron en CITA ha resultado ser transcendental en mi vida. Cuando estaba allí, no era capaz de verlo, pero, con los años he comprendido que mi vida ha sido intensa, plena y feliz gracias a lo que allí pude aprender.

Los profesionales de la clínica son gente muy lista. Ellos sabían que la única manera de sacarme de las drogas era arreglar aquello que me conducía a ellas. De modo que arreglaron mi interior, me arreglaron la vida. Y éste es un regalo que hoy quiero devolver.
Permitidme pues que os cuente mi experiencia.
A los diecisiete años probé los porros y me parecieron la solución. Solución a mi malestar, solución a mi desasosiego, solución al problema de relación con los demás. El precio que pagué fue tirar mi vida por el retrete. Pasé a estudiar lo justo para evitar que me echaran del colegio. Y así pasé varios años hasta que probé la heroína. Por aprensión, nunca llegué a inyectármela, pero en la heroína encontré refugio, placer y bienestar. Y en la euforia de aquel descubrimiento, se la di a probar a mi hermano Pablo, quien, como yo, se enganchó inmediatamente y por los mismos motivos: una infancia de malos tratos, unos padres ausentes y la facilidad de obtener dinero en casa.
La muerte de mi padre me hizo daño, pero muy poco de aquel dolor pudo aflorar por la anestesia que me procuraban las drogas. Por supuesto, el dolor estaba ahí y saldría en cuanto pudiera volver a recuperar mis sentimientos.
En septiembre de 1989, después de 5 años de consumir drogas y habiendo ya tocado fondo, fuimos a conocer CITA. Yo ingresé aquel mismo día y mi hermano ingresaría poco después. Después de un mes de tratamiento, pedí irme voluntariamente. Echaba de menos colocarme y aún me quedaban algunos barcos por quemar. En febrero del 90, ya había quemado todas las naves y no quedaba otro camino que reingresar, de modo que volví a CITA. Pero volví a meter la pata y me salté algunas normas. Me sancionaron durante un mes y me dijeron que, o me ponía las pilas o me tendrían que echar. Fue en ese momento, no antes ni después, sino justo entonces, cuando tomé la DECISIÓN. Sí, decisión con mayúsculas, pues comprendí que me encontraba ante una bifurcación de caminos. Por un lado, mi vida ya estaba en el retrete, tan sólo había que tirar de la cadena, seguir con la actitud yonki y vivir en la calle o en la cárcel o encontrar la muerte. Del otro lado, había una vida. Y ese fue el camino que escogí. Así de simple, decidí no tomar más heroína, pero también decidí aprovechar el tratamiento, pues ese era el camino.
El camino era una mierda, duro como no os podéis hacer una idea. La base de la estancia en CITA es ponerse en juego, o sea, ser transparente, hacer y decir lo que se siente y se piensa. A cambio de esa apertura, hay dolor, mucho dolor. El dolor de ver tus mierdas, el dolor de enfrentarte a tus miedos, paranoias y tonterías. Luego, las terapias, incluidas las terapias de grupo, donde la ayuda de los compañeros es darte caña en tus errores. La letra con sangre entra, ¿no? Yo en eso fui un privilegiado, ya que contaba con mucha gente para darme caña, mucha, mucha. Estaban aquellos a los que les caía mal por los pasotes que me di al principio. También estaban los amigos de mi hermano que, veteranos ya, tuvieron el buen gesto de ayudarme… dando caña, claro.
Bueno, no quiero hablar mucho de mi tratamiento sino de lo que vino después. Tan sólo señalar que tuve un tratamiento intensivo y muy aprovechado por mi parte. Eso es lo importante. Siempre he considerado que, en mi vida, lo único que terminé, lo único que hice bien, fue mi tratamiento. Para mí, pues, es un orgullo decir que soy heroinómano, pues me resulta sinónimo de triunfador, de combatiente, de victorioso.
Sin embargo es mucho más. Además de la batalla ganada, he pasado por CITA. He pasado por más de diez horas de terapia diaria durante 15 meses. ¿Os lo podéis imaginar? ¡¡Es un lujo!! Es un lujo tener terapia. Todo el mundo la necesita, pocos la tienen, menos aún se paran a mirar en su interior. Vivimos en un mundo acelerado, se vive deprisa y a nadie le gusta sufrir, de modo que las inseguridades, los problemas de personalidad y de relación, quedan enterrados en el día a día.
Es por eso que yo me siento afortunado. Veo que, al conocerme a mí mismo, tengo absoluta facilidad para relacionarme con los demás. Así pues, disfruto con la gente y la gente disfruta conmigo. Estoy tranquilo y sin complejos, me siento feliz de tener sentimientos y sensaciones, puedo mirar en mi interior y disfrutar de lo bueno y de lo malo, sabiendo que soy yo. No hay nada mejor que esto.
Gracias a ese conocimiento, he podido llevar una vida coherente conmigo mismo. No ha sido fácil y he tenido fracasos. He pasado por dos matrimonios y seis empresas, además de cuatro o cinco trabajos por cuenta ajena. Conozco mis debilidades y mis fortalezas. Sé dónde tengo talento y sé cuándo busco refugio. Esto es muy importante, porque no he dejado de ser heroinómano, es decir, de intentar refugiarme frente a la vida.
Y como refugio me han servido el alcohol, los porros, las mujeres, la tele, los videojuegos, un libro, que sé yo. El caso es que no puedo engañarme a mí mismo porque nada de eso me llena. Tan sólo es perder el tiempo, posponer el enfrentarse a la realidad y, la verdad, con los años ya no admito perder tiempo. Vencer nuestros miedos es lo que te hace avanzar y crecer. Reconocer tus sentimientos, estar bien con uno mismo, vivir de acuerdo a como uno es, eso es la libertad.
Aún tengo más cosas que decir. Tienen que ver con la muerte y con el tratamiento. He visto la muerte y la he visto de cerca. Y yo quiero vivir. ¿Y vosotros? ¿Queréis morir? No, ¿verdad? Seguro que queréis disfrutar del amor, de las risas, de la admiración de los demás y de tantas otras cosas, aunque sin olvidar que el desamor, el sufrimiento o el llanto también forman parte de la vida. Todos vosotros habéis elegido vivir y os espera una vida guapísima, seguro. No perdáis esta perspectiva. Por mucho que ahora os sintáis mal, es pasajero.

Ese es mi mensaje: la vida es bella aunque duela. Lo que no te mata te hace más fuerte. El tratamiento os permite dejar la droga, pero también os da alas y muy poca gente las tiene. Por favor, tomadlo en serio, arriesgaos, no temáis al dolor y no os refugiéis. Afrontar las cosas os hace mejores, aunque, por supuesto, las ganas de refugiarse no os abandonarán el resto de vuestra vida. Somos heroinómanos, ¿vale? Y a mucha honra.

Puedes encontrarnos en la página web de Clinicas Cita 
Publicado originalmente en http://www.clinicascita.com/blog/index.php/la-unica-manera-de-dejar-las-drogas-era-arreglar-aquello-que-me-conducia-a-ellas/